Rubén Aguilar Valenzuela
En este su segundo mandato (2025-2029), la posición del presidente Donald Trump frente al gobierno de México, que preside la presidenta Sheinbaum Pardo (2024-2030), ha sido la misma, aunque a medida que pasa el tiempo ha aumentado el grado de la presión, a través de declaraciones.
De manera sintética su postura se puede resumir en que los grupos del crimen organizado gobiernan a México, que la presidenta tiene “miedo” a enfrentarlos, y que si el gobierno de México “no ataca a los narcos”, lo hará el de Estados Unidos, que él preside.
El mes de mayo, después de la solicitud de la justicia de Estados Unidos de que se extraditen a diez políticos de Morena, del estado de Sinaloa, acusados de nexos con el crimen organizado, y la reacción de defensa que de estos ha tenido la presidenta, las advertencias al gobierno de México se han multiplicado, y son cada vez más duras.
El pasado ocho de mayo, Trump en Washington dijo: “Tenemos un problema porque los cárteles gobiernan México. Nadie más, los cárteles. Simplemente lo gobiernan (…) Y resolvimos el tema por mar y ahora lo vamos a hacer por tierra muy pronto”.
Y el seis de mayo en Washington “ustedes van a escuchar algunas quejas, de algunas personas, como los representantes de México y otros países, pero si ellos no van a hacer su trabajo, lo haremos nosotros. Y ellos lo entienden”.
En esa misma ocasión advirtió que “seguiremos con nuestras campañas militares y policiales contra todos los cárteles y pandillas designadas como organizaciones terroristas”.
Y que esto “lo haremos en colaboración con los gobiernos locales cuando estén dispuestos y sean capaces de trabajar con nosotros. Si no pueden y no quieren, estaremos tomando cualquier acción necesaria para proteger nuestros intereses especialmente si el gobierno en cuestión es cómplice de los cárteles”.
La presidenta con su discurso y sobre todo con sus acciones, parece dar la razón a Trump. Los altos mandos del Ejército de México reconocen que el 30 por ciento del territorio está bajo el control de los grupos del crimen organizado y que en esos espacios son el verdadero gobierno. Y que de parte del gobierno que ella preside no existe ningún plan para recuperar la soberanía sobre esos territorios.
Ella sabe, tiene todas las pruebas, que los políticos de Morena solicitados por Estados Unidos, están ligados a uno de los grupos del Cártel de Sinaloa, pero aun así decidió defenderlos.
Los analistas políticos dan diversas explicaciones de la posición de la presidenta; como que obedece a órdenes de su antecesor, el presidente López Obrador, o que no quiere abrir la caja de pandora, porque después de eso vendrían decenas más. En los hechos el mensaje que envía es que ella pacta con los criminales y los protege.