El arte de gobernar a través de la cámara

Gustavo Ferrari Wolfenson

El Foro Económico Mundial celebrado recientemente en Davos nos mostró tres estilos muy particulares de los lideres políticos en dirigirsea la comunidad internacional o a su auditorio. Los mensajes de Donald Trump, Javier Milei y Mark Carney marcaron la agenda de un Nuevo Orden Económico Internacional expresado en una forma muy diferente a las que usualmente estábamos acostumbrados.

En su libro “Política Pop: de Lideres Populistas a Telepresidentes”, la reconocida académica Adriana Amado, analiza el paso a esta nueva forma de gobernar y representar a la que estamos asistiendo en la actualidad la cual denomina “política pop”. Con audacia e inteligencia recorre las experiencias de quien siendo el más revolucionario sucumbe a la seducción de verse en pantalla, en las redes, aclamado por multitudes y adulado en campañas publicitarias que repiten incansablemente que son los líderes que la patria necesita. Las y los políticos actuales, a partir de las últimas décadas, empezaron a dedicar más tiempo en comunicar que en gestionar y a invertir más dinero en medios que en escuelas.

¿Qué opinan los ciudadanos de ello? Los hay encantados de presenciar dicho espectáculo o quienes están fastidiados por la cantidad de mensajes que contrastan con sus realidades cotidianas. Es así entonces que nuestros dirigentes contemporáneos son hijos de la cultura pop: un estilo heredero de lo audiovisual, el entretenimientoy el culto a la celebridad. En dicha cultura pop se hacen presente el melodrama como clave de la lucha política, la metáfora del superhéroe, el ritual del consumo que está presente con argumentos mediáticos para lograr puntos de rating o, mejor dicho, legitimidad. Hemos pasado por lo tanto, de líderes populistas a gobernantes celebrities o telepresidentes.

La idea de la política pop surge cuando la política se mediatiza al extremo. Silvio Berlusconi, ex primer ministro de Italia en varias oportunidades, es la primera persona que, de ser celebridad, se convierte en un líder de un país, no sólo porque manejaba televisión, él también controlaba un club de fútbol súper popular. En ese sentido, podríamos equiparar la popularidad que, como dirigente de un club de fútbol como Boca Juniors, ganó en su momento Mauricio Macri como legitimidad social, que lo convirtió en Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y luego Presidente de la Argentina. Hoy el Donald Trumpo 2026 también se encuadra en esta lógica de personajes que están por afuera de la política y que ingresaron en la política por su popularidad.

Otro ejemplo lo constituye la entrevista televisiva que duró cinco horasde hace varios meses que Javier Milei dio a un periodista, donde en una forma distendida, transgresora tal cual es su estilo, fue analizando desde la transformación económica que está viviendo el país luego de una ruina financiera, hasta sus opiniones de futbol, boxeo, opera y rock. No recuerdo que haya habido entrevista alguna a un mandatario que durara ese tiempo.

José Antonio Rodríguez, alcalde de Jun, un pueblo convencional de 3.500 habitantes situado a 3 kilómetros de Granada, España tuvo una particularidad: su vida pública transcurrió principalmente en Twitter,(hoy X) y la red social se volvió clave en la comunicación entre el ayuntamiento y los vecinos. “En el ayuntamiento ya no se ve a nadie haciendo cola, y mucha gente que viene de fuera se sorprende” decíaorgulloso el alcalde, con una actividad virtual tal, que hasta el Massachussets Institute of Technology (MIT), de Estados Unidos, tras estudiar el caso, ha alabado el modelo y trató de extrapolarlo a grandes núcleos urbanos.

Hugo Chávez y su Aló Presidente se basaba en un modelo de comunicación en el que se sustituían los logros por la esperanza y en el que se diferenciaban los enemigos, los héroes y la patria. También Rafael Correa de Ecuador disponía de un programa semanal de radio y televisión y Vladimir Pútín comparecía anualmente ante las cámaras en el programa «Conversación con Putin».

Andrés Manuel López Obrador de México todos los días – de lunes a viernes – a partir de las 6 a.m. hacía una conferencia de prensa, queduraba hasta tres horas, en la que se hablaba sobre los temas más importantes del país o que el pretendía subir. Esta manera de comunicación se empezó a popularizar con el nombre de “mañanera” y representaba la piedra angular de la comunicación del presidente mexicano. Las “mañaneras”, lejos de convertirse en un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas, formaron parte de una estrategia de control mediático con el objetivo de monopolizar la agenda pública. Hoy en una forma no tan dominante, su sucesora Claudia Sheinbaum intenta hacer lo mismo.

Jimmy Morales, ex presidente de Guatemala era un conocido actor y conductor de televisión que se mantuvo al aire con su programa Moralejas por más de quince años. Salvador Nasralla reciente candidato derrotado a presidente de Honduras también ha sido hombre de televisión. Su presencia en los medios hondureños como presentador de eventos y conductor de programas televisivos se ha extendido por más de 40 años. Ni digamos de VolodymyrZelensky , presidente de Ucrania, quien ha ganado más de 30 galardones del Premio Nacional de Televisión de Ucrania, así como de numerosos festivales internacionales de cine y televisión y foros de medios de comunicación.

Como primera gobernadora mujer del estado de Quintana Roo en el sureste de México, con Cancún, Playa del Carmen, Cozumel, Isla Mujeres y Tulum como lideres del turismo internacional, Mara Lezama, comunicóloga de formación y con muchos años en el aire a través de un programa radial de contenido social, viene desarrollando su gobierno a partir de la grabación de videos de todo lo que realiza, marcando una línea de comunicación que se concentra muchas veces más en lo visual, lo personalista, que en lo efectivo. A ese gusto por lo mediático le ha agregado una aparición semanal en redes, en un formato tipo noticiero en donde asume con más pasión el papel de comunicóloga que el gobernadora.

¿Frente este escenario la pregunta que podríamos hacernos es para quien gobierna el gobernante? Para las redes o para la ciudadanía. Cuál es el poder de penetración de estos mensajes hacia el verdadero electorado, cuando es bien sabido que los “like” o los pulgares hacia arriba son manejados y promovidos por otras redes paralelas, creadaspor ellos mismos, para potenciar la figura del gobernante de turno.

Porque los medios, las redes, no sirven para eso. El problema de muchos gobernantes es confundir su celebridad con la legitimidad política. Y la celebridad es efímera por definición. El que era célebre el año pasado, ya no lo es. La celebridad es una maquinaria que necesita renovarse todo el tiempo. Lo absurdo es creer que construyendo celebridad van a ganar estabilidad política. Además, la celebridad tampoco da prestigio. Confundir que la posición en los medios, en las redes, va a darles legitimidad política es lo que ha llevado a que cuando todos estos líderes estaban convencidos que iban a ser eternos, comprueban que la gente dejó de creer en sus discursos. Entonces estas supuestas transformaciones de las que hablaban, como las construyeron en un escenario tan frágil, fueron demagógicas, poco creíbles y efímeras.

Puede ser que gobernar sea comunicar, pero gobernar no es publicidad. La comunicación pública tiene una parte mediatizada, pero no es todo. Los ciudadanos tienen contacto con la cosa pública la mayor parte de las veces por experiencia directa. Entonces de nada te sirve que te digan que está el día soleado, si sales a la calle y está lloviendo. De nada sirve que te digan que es una nueva forma de gobernar cuando ofrecen lo mismo que tus antecesores y pintando por enésima vez la misma plaza o parque deportivo. En definitiva, la credibilidad ya no está en el discurso de la autoridad sino en la propia experiencia y humor social de la ciudadanía. Una cosa es estar en campaña y otra es hablarle al ciudadano. La comunicación de gobierno es la pluralidad y la integración de todos. Hoy lo que vemos es que existe por un lado el conflicto y el gobierno sigue prefiriendo como comunicación lo festivo, lo alegre y dar buenas noticias.

Por lo tanto, el relato tan usado y gastado no es algo que se pueda producir en una oficina de prensa o en una agencia de publicidad. El relato lo construimos todos, en este caso el ciudadano. Si no hay conversación con los ciudadanos, no se logra construir comunidad. De lo contrario continuaremos con un relato efectista, circunstancial y de coyuntura, que seguirá llenando “likes” en las redes, pero jamás marcarán el contenido de lo que significa el arte de gobernar porque,así como un artista sin la sensibilidad de crear es un pintor de brocha gorda, un gobernante sin contenido será un parlanchín sin gestión y visión de estado.

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