“MÉXICO NO NECESITA TRABAJAR MÁS HORAS; necesita producir más valor por hora.”

Dr. Abel Ortiz Prado

La reciente aprobación en el Senado de la reforma para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas abre uno de los debates económicos más relevantes para el México contemporáneo. Más allá de su dimensión social, la medida plantea una pregunta estructural: ¿puede la economía mexicana sostener mayores niveles de bienestar sin comprometer su competitividad? En este contexto, el sector privado advierte que la reforma podría elevar los costos laborales entre 20% y 30% y cuando estos suben, tienen tres salidas: suben los precios -presionando la inflación-, reducen la utilidad -restando la contribución fiscal- y demandan más inversión -pública y privada- para automatizar y hacer reingeniería de procesos. Por lo anterior, el cambio no debe interpretarse únicamente como un ajuste normativo, sino como una señal de transición hacia un modelo altamente productivo que privilegie la eficiencia sobre la prolongación de las horas trabajadas.

México enfrenta una paradoja histórica: es uno de los países donde más se trabaja, pero no necesariamente donde más se produce por hora. Desde esta perspectiva, la reducción de la jornada podría convertirse en un catalizador de modernización empresarial, incentivando la adopción tecnológica, la reorganización de procesos y una mejor gestión del capital humano. Sin embargo, el efecto no será automático. Si las empresas absorben mayores costos laborales sin mejoras en productividad, el resultado podría trasladarse a precios, generando presiones inflacionarias en un entorno que aún demanda cautela macroeconómica. Si bien la reforma busca elevar la productividad enfrenta riesgos para incrementar la informalidad, reducir la brecha tecnológica y la necesidad de invertir más en digitalización.

El verdadero alcance de esta reforma dependerá, por tanto, de la capacidad del país para dar el salto hacia una economía de mayor valor agregado. Reducir horas sin elevar productividad puede erosionar la competitividad; hacerlo acompañado de inversión, innovación y formalización laboral puede fortalecer el crecimiento potencial. México no necesita trabajar más tiempo, sino producir más valor en cada hora. La reforma laboral, en consecuencia, debe entenderse como una oportunidad estratégica: no solo para mejorar la calidad de vida, sino para redefinir el perfil productivo de la nación. México es el país de la OCDE con más horas trabajadas y menos productividad y salarios, lo que da contexto estructural a esta reforma. Dr. Abel Ortiz Prado [email protected] académico y consultor en gobierno, administración pública y asociaciones público-privadas.

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